Los muros y las fronteras dividen a los países, las Aduanas los...

Los muros y las fronteras dividen a los países, las Aduanas los unen

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Entrevista con el Presidente de CAAAREM, A.A. José Antonio Vidales Flores

Comenzamos a hablar de las aduanas del futuro a raíz de una mesa de trabajo sobre “modernización y competitividad” en la que participamos de manera conjunta las autoridades coordinadas por el SAT, el AGA y representantes de la iniciativa privada. Este ejercicio es muy reciente, pues tradicionalmente los funcionarios públicos eran quienes hacían el diseño de las aduanas a corto, mediano y largo plazo, definiendo cómo y para qué se deberían utilizar los recursos. Ahora, a través de este foro, se está haciendo un importante reconocimiento a los representantes de la iniciativa privada -por la experiencia que tenemos en esta materia[1]– al hacernos partícipes en la definición del futuro de nuestras aduanas.

Esta práctica se promueve desde la Organización Mundial de Aduanas (OMA), donde se reconoce que las aduanas más exitosas del mundo -en términos de competitividad, de modernización y de transparencia- son aquellas donde el gobierno le ha pedido a la iniciativa privada que participe en actividades en las que normalmente no estaban involucrados. Por esta razón, la apuesta es que el modelo que estamos proponiendo para la aduana de México hoy, sea el diseño que nos permita contar para el 2030 con una aduana invisible.

Esto no quiere decir que para entonces ya no existan físicamente las aduanas; se refiere más bien al proceso de facilitar las operaciones de aquellos actores de quienes se tiene un registro claro de sus operaciones. Es decir, a las empresas que importan – exportan y hacen las cosas bien, que el gobierno los conoce y que sabe en dónde están, qué producen, a quién le venden, qué transportistas utilizan y con qué Agente Aduanal operan, no tendrán por qué revisarlas; sólo a aquellas que puedan representar un riesgo para el país. Sin embargo, si esa misma empresa altera sus procedimientos, comprándole a otro proveedor o iniciando operaciones con algún país que tiene fuertes operaciones de tráfico de drogas, seguramente se le hará revisión. De esta forma, el gobierno se vuelve más asertivo en su actuar y gastas menos recursos; resultando en un proceso más transparente y ágil.

La trascendencia de este modelo es que está cambiando el rol de las aduanas en México, dejando de ser el primer punto de inspección y revisión en materia de seguridad y contrabando, siendo un eslabón mucho más confiable. Hace unos años, hasta que la mercancía llegaba a la aduana, las autoridades y los Agentes Aduanales podían revisar de qué producto se trataba y de dónde venía. Hoy en día, con tanta información, se pueden predecir muchas operaciones con un buen análisis de riesgo, incluso previo a su embarque. De esta forma, la aduana se convierte en el último punto de revisión y, para efectos de competitividad y modernización, es un cambio significativo.

La Ventanilla Única ha sido otro actor clave en la creación de las aduanas invisibles. En este sentido, debemos reconocer que México tiene una de las aduanas más modernas del mundo, siendo líder no sólo en el continente sino también en Europa y Asia con la puesta en marcha de programas como la ventanilla única, que opera desde hace cuatro años (Estados Unidos recientemente arrancó su ventanilla única a finales de diciembre del año pasado y Canadá está por hacerlo). La importancia de contar con un portal donde se concentren las gestiones históricas de todas las dependencias gubernamentales, es que se obtiene trazabilidad. Además, por su carácter digital, la Ventanilla Única elimina la posibilidad de que se presenten documentos apócrifos y facilita la atención a los usuarios, eliminando tiempos y costos de traslado. En este momento la Administración General de Aduanas está trabajando en la creación de la Ventanilla Única 2.0, una nueva versión que ya tiene sistemas o lenguajes abiertos y está basada en la nube.

Actualmente, la Aduana tiene el Proyecto de Integración Tecnológica y Aduanera (PITA), que está muy relacionado con lo que se está haciendo en la mesa de modernización, pues con esto la Aduana pretende automatizar el proceso de a entrada y salida de mercancías, en los puntos donde aún interviene el factor humano. Sin embargo, esto implica una ambiciosa inversión en infraestructura, como el reemplazo de las casetas por arcos con lectores y otras cosas más.

Pero imaginar el futuro no es sencillo y, para todos los que participamos en la mesa, ese es nuestro primer gran reto. Es cierto que todos tenemos ideas en la cabeza, pero diagramarlas y clasificarlas en corto, mediano y largo plazo, no es sencillo. Al siguiente reto al que nos enfrentamos es que los cambios no sólo recaen en la forma de operar, sino también en la propia legislación. Cambiar la Ley Aduanera implica acciones de cabildeo que están sujetas a aprobación y eso es impredecible.

Algunas personas consideran que el actual contexto político en Estados Unidos no nos favorecerá en lo económico. Sin embargo, para mí es una magnífica oportunidad para voltear a ver nuestro país, revisar nuestro consumo interno, nuestras empresas y otros mercados. Debemos ser conscientes de que nuestra relación va mucho más allá de la transacción de mercancías. Nuestros países están muy involucrados porque lo que hacemos en esta región, es producción compartida a diferencia de lo que hace la Unión Europea. Aquí, cada país mantiene su soberanía,  los productos van y vienen de un país a otro para incorporar accesorios, como ocurre con el ensamble de los teléfonos celulares en Ciudad Juárez, cruzando en el proceso hasta 6 veces por la frontera. Esto hace muy difícil pensar que se puede de la noche a la mañana, cambiar las condiciones. Desde el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) hemos considerado que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), se puede modernizar siempre y cuando sea tomando como base lo que tenemos y se mejore. Temas como el comercio electrónico no estaban en la mesa hace 23 años y debemos acordar su legislación para que operen adecuadamente.

El reto, en este caso, es contrarrestar la desinformación de la sociedad estadounidense en general, ya que la administración actual ha manejado cifras y percepciones inexactas. Mucho se ha dicho que el TLCAN es malo y que se han perdido empleos por su culpa. Esto es falso, con el TLCAN se han generado empleos. Los trabajos que se han perdido han sido por la propia modernización de la industria, pues la manufactura ha cambiado en la medida en que se ha integrado tecnología como la robótica. En este sentido, en unos años seremos testigos de cómo la impresión 3D cambiará la logística en el mundo. Por ello, es necesario enterarlos de que 38 de los 51 estados de la Unión Americana, comercian con México, y para 22, su principal socio comercial es nuestro país. El reto que tenemos es individualizar esa información para que los gobernadores de esos estados y sus congresistas dimensionen lo que representaría para su Estado y su población la eliminación del TLCAN.

Por eso insisto que no debemos desaprovechar esta gran oportunidad que nos está provocando nuestro vecino para voltear a ver a nuestro país y revertirlo. Esta es una oportunidad para crear alianzas y fortalecer nuestras relaciones desde un diálogo respetuoso y constructivo, porque mientras los muros y las fronteras dividen a los países, las aduanas los unen.


[1] Los agentes aduanales somos clave en un sector que hoy representa el 65% del PIB del país donde más del 60% del IVA se recauda en las aduanas.

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